Vino a Rosario una heladería de Rafaela y los tuve que ir a probar. En una ciudad tan obsesionada con el helado como esta, con marcas históricas instaladas y alta competencia, me dio curiosidad ver que alguien de afuera decidía probar suerte acá. (Al final, un código para 2×1)

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Pensé: si vienen a meterse en esta plaza, tienen que tener con qué. El proyecto nació en 2017 con dos amigos haciendo helado artesanal en la Perla del Oeste. Después crecieron hacia Santa Fe, Paraná y Esperanza, y ahora llegaron a Rosario.

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Hay algo que se nota rápido: vienen de al lado de la cuenca láctea. Tienen acceso a buena materia prima y entienden bastante bien ese diferencial. Trabajan el concepto de «transformar productos en helados» y respetan la bandera del artesanal hecho balde por balde.

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En un contexto donde la mayoría de las heladerías hacen helados más bien empalagosos, acá encontré sabores con mayor expresividad en el sembrado que en la base, y menos agregado de azúcar. Son de una escuela con pocos representantes en la ciudad.

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La frutilla sabe a fruta. El pistacho tenía pedacitos que sumaban textura real. El chocolate amargo tiene bastante carácter, mixeado con un almíbar de naranja. Quizás el sabor más fuerte que probé.

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El kinder bueno sí era bastante dulce, le faltó algo de riego de chocolate pero estaba bien ejecutado. El de frutilla con chocolate blanco me pareció una combinación rara pero interesante.

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El Dulce de Leche Patagónico, con nueces caramelizadas y veteado de frutos del bosque, fue de los que más me sorprendió porque deja espacio para la frambuesa y el fruto seco sin transformarse en un sabor chancho, recontra dulce.

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También probé un kiwi y banana vegano que estaba tremendo: parecía un licuado congelado bien natural. Otros sabores que vi y me dieron curiosidad: limón, naranja y albahaca; vainilla tostada; chocolate Milka Oreo blanco; crumble de coco.

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Además tienen una línea de productos bastante amplia: sabores aptos para diabéticos de bajo índice glucémico, opciones veganas y hasta helados para mascotas. Son pet friendly y próximamente también quieren sumar cafetería.

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Pero uno de los productos más fuertes no está en la vitrina de helados sino en los postres helados. El almendrado directamente juega en otra liga. Helado de vainilla, corazón de dulce de leche y una cantidad exagerada de almendras caramelizadas por afuera.

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De esos postres viejos, noventosos y desmedidos que ya casi no existen. Sale $32.500, rinde para 10 o 12 personas y si caés a una cena con eso quedás como un campeón. También tienen otras tortas y postres helados, enteras o en porciones individuales ya envasadas.

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El local es lindo y está bien ambientado. Prolijo y cálido con muchas mesitas. Para acercarse y probar otro exponente y otra escuela de hacer helados en Santa Fe. Recomendado para curiosos. Después cada uno sabrá que estilo le gusta más.

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Por último: para la comunidad MORFAR dejaron un 2×1 en helado de 1 o 2 bochas diciendo el código «MORFAR» en caja hasta el 15/05. Aprovechenlo.

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