Por fin a alguien se le ocurrió hacer algo como Kiddo pero en Rosario. Un lugar con burgers ricas, de tamaño medio y fáciles de comer, carta corta con solo cuatro sabores clásicos y la posibilidad de pedirte el sampler para probarlas todas. Se llama Toque y abrió en Pichincha.
Acaba de cortar cintas en Alvear 32, con la idea de ser una hamburguesería-bar bajo el concepto Burger Club, que mezcla producto hamburguesero cuidado, apuesta por la estética, vereda, música, tragos, cerveza (liso Santa Fe a $2000) y tratar de armar comunidad.
Pero nada de este biri biri que está en el manual de cualquier bar en 2026 tiene sentido si el producto falla. Y acá la hamburguesa está buena, empezando por el pan. Hob’s les hizo una receta especial para que se integre, se aplaste mejor y buscar esa burger más compacta y baja.
En la carne también hay una apuesta específica. Usan un blend con tres cortes buscando una proporción de grasa determinada que la hace jugosa pero sin pasarse de mambo. A mi me pareció que estaba muy bien, odio cuando las secan. Me pareció que tenía profundidad y sabor.
Otro punto fuerte son las papas. Trabajan McCain y le metieron un sazón muy rico, ese estilo conitos 3D con ajo, cebolla, pimentón, curry y muchos condimentos más. SI no te copa las podés pedir sin, a mi me gustó bastante. La porción de papas es mucho más grande que la media.
Carta: cuatro hamburguesas base, con opción simple o doble. La Cheese lleva carne, cheddar (usan Tonadita), cebolla, ketchup y mayo; la Clásica va con lechuga, tomate, cebolla y aderezo Toque, una salsa 1000 islas. Esta fue la que más me gustó, con la frescura de los vegetales.
La Crispy tiene carne, cheddar, cebolla crispy, panceta y aderezo Toque; y la BBQ viene con cheddar, panceta, cebolla caramelizada y barbacoa. La Cheese y la Clásica también tienen versión veggie con medallón NotCo. Agradecen los vegetarianos.
Completan la carta el Combo Toque, el sampler con una de cada variedad en versión simple; el especial del mes, la Pickle, con cheddar, pepinos encurtidos, cebolla morada y salsa tártara; papas fritas y extras como nuggets, aros de cebolla y bastones de muzzarella.
Toque también trabajó su identidad visual con Novojuki, el diseñador paraguayo que hizo el universo gráfico de Kido. Acá está la búsqueda de que la hamburguesa no venga sola, sino rodeada de una identidad visual fuerte, desde el packaging hasta las redes.
La segunda capa del proyecto está en la transición nocturna: pasar de la hamburguesa al bar. Que alguien pueda ir a comer bien, pero también que pueda caer más tarde a tomar algo, ocupar la vereda, quedarse con amigos y sentir que hay una movida.
En la barra tienen tragos clásicos pero también cosas con identidad propia como un vermut de la casa producido por ellos y el producto con el que quieren salir fuerte, el liso de Santa Fe que venden muy pocos bares en Rosario. La idea es sostener el liso a $2000 todos los días.
La ubicación también juega a favor. Tiene una vereda grande y eso permite pensar una postal con mucha gente afuera tomando algo, comiendo hamburguesas y usando la esquina como club nocturno informal al que se puede también caer a bajonear porque van abrir hasta la madrugada.





