Miren lo que es este hotel boutique en el que nos quedamos en Santa Fe. Ámbit Boulevard ocupa una casona histórica patrimonial de 1928 reconvertida en pleno Bv. Gálvez, cerca de todo lo importante. Y a pesar de tener solo 10 habitaciones, tiene pileta en una terraza.
Lo mejor es su ubicación estratégica para recorrer la ciudad caminando. Está cerca de la Costanera, el Puente Colgante, el polo gastronómico, la fábrica de cerveza Santa Fe y el centro de convenciones Estación Belgrano. Lo máximo que caminamos fue 10 cuadras a la Terminal.
El hotel funciona en una mansión de estilo neocolonial que está por cumplir 100 años en la esquina de Bv. Gálvez y Lavalle. Pertenecía a la familia Vicario y se usó durante un tiempo para oficinas, hasta que hace unos años (2015) la modernizaron para convertirla en el Ambit.
Para la reconversión convocaron diseñadores, arquitectos y artistas locales para crear estéticas únicas en cada habitación respetando el valor histórico del edificio. Tiene 10 cuartos, cada uno con su nombre y detalles particulares. A nosotros nos tocó la 3, bautizada Jolie.
La fachada es espectacular. El hotel está lleno de detalles arquitectónicos en puertas, escaleras, pasillos, rejas y habitaciones. Y la sensación al recorrerlo es la de estar en una casa cargada de historias. Es inevitable pensar en quiénes ocuparon esos cuartos antes.
La habitación es espaciosa, con un balcón con vista magnífica al bulevar, pisos de madera, techos altos, luz natural, materiales nobles, cama confortable y detalles de diseño. Hay una caja de seguridad en el ropero y el aire funcionaba perfecto (no es un detalle menor en Sta Fe).
Pero si tengo que decir algo que me encantó, es la pileta en la terraza. No es gigante, dadas las dimensiones del hotel (ese finde la usamos nosotros solos) pero tiene una vista preciosa y una cascada de agua helada que la mantiene en movimiento y logra que el sol no la caliente.
El desayuno estuvo bien. Además de lo usual (café con leche, medialunas, pan, jamón y queso, manteca, mermelada, DDL, jugo de naranja) había frutas, cereales, yogur, huevos revueltos (tenés que pedir que te hagan), brownies y alfajores de maicena. Sin lujos pero sin faltantes y con algún detalle piola.
La estadía incluye además acceso al Gimnasio Kalos, que entiendo está a unas cuadras. Fue un beneficio que no usamos. En síntesis: buen hotel. Lindo. Cómodo. Privado. Muy bien ubicado. Con pileta. Buen desayuno. Muy bien ubicado. Muy bien ubicado. Muy bien ubicado.




