Qué oasis el local de Estudio Vino de Laprida al 1500. Las mesas en la vereda funcionan como un refugio perfecto para pedir un Tinto de Verano, charlar con un amigo, y que pase un 122 furioso por el carril exclusivo y te regale una ráfaga de viento para aliviar el calor rosarino.
Me gusta mucho el Estudio Vino original de 9 de Julio y este local me encanta porque vino a llenar un vacío en la oferta de la zona. No solo tienen una carta de vinos bien armada, con precios lógicos y un descorche casi simbólico de $2500, sino que además la comida es buena.
Para el verano sumaron coctelería pensada para el calor, con hallazgos interesantes como el Tereré Collins y de vino fresco y muy tomables ideales para compartir. Plus: tienen Corona 0.0, que pido mucho cuando salgo para bajar al mínimo el consumo de alcohol.
Para picar, la tabla de tapas es una gran elección. Trae sorrentinos al horno (de carne y verdura), albondiguitas, papas noisette, suprema cortada y tequeños, todo acompañado con criolla, lactonesa y una mostaza con miel que funciona muy bien. Ideal para acompañar una jarra sin pensar demasiado.
Si la idea es algo más liviano (y quizás acompañar con un blanco), la ensalada de cherrys, uvas verdes, rúcula, queso en hebras, jamón crudo, pollo desmenuzado y semillas va como piña. Equilibrada, fresca y bien resuelta.
Y si sos fan de las harinas, como yo, la focaccia de pollo desmenuzado, pimientos asados y queso tybo es una apuesta segura.
De postre, cerramos con un cheesecake de frutos rojos, correcto y cumplidor para bajar la persiana. Gran lugar para cortar la semana. Buena comida, buena bebida, lindo entorno y precios más que razonables en una zona que empieza a ponerse interesante.





