Comer el helado de dulce de leche directo de la máquina, recién hecho, es una experiencia increíble. El helado está menos frío, los sabores se sienten más, y la textura es más liviana, sedosa. Además, este sabor de Nipote tiene un secreto bien guardado. Bajá que te cuento.

El dulce de leche es, para mi, lo que define a una heladería. Es como la muzza en una pizzería: si no lo hacen bien, el helado no puede ser bueno. Si es bueno, se ganan mi respeto y probablemente indique que el resto de los sabores son de buena calidad.

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En el local de Pichincha pude pasar a ver cómo producen la cremadora y pasteurizadora, que son las máquinas con las que se hace el helado. A este sabor, en el mix le ponen DDL colonial de La Serenísima (y no le agregan esencia de vainilla). Y, amigos, hace la diferencia.

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Detrás de Nipote hay tres hermanos jóvenes que en 2021 decidieron abrir una heladería artesanal con recetas italianas heredadas de sus abuelos y una regla clara del helado rosarino: solo ingredientes naturales, sin conservantes ni preparados industriales.

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La familia es de Cañada Rosquín y su historia está ligada a la producción lechera: el padre tiene un tambo donde trabajan dos de los hermanos. Eliana, la tercera, es nutricionista y tiene formación en pastelería. Ese cruce entre técnica, oficio y origen definió el proyecto.

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La heladería propia pronto se convirtió en un sueño de los chicos. En el local de Alvear 41 bis predomina el blanco, una estética limpia y sutil pensada para que el color de los helados sea protagonista. La vitrina es central y lo visual tiene peso.

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Trabajan con 24 sabores. No rotan constantemente: un sabor sale solo cuando está completamente cerrado. Para lograrlo, se capacitan, invierten en maquinaria específica y trabajan asesorados por un maestro heladero. La base conceptual es clara: pastelería convertida en helado.

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Todas las bases se elaboran de manera artesanal, con ingredientes reales. Usan manteca en lugar de margarina, merengue hecho con clara y azúcar, y evitan cualquier tipo de preparado industrial. Cada helado está pensado como un postre en sí mismo.

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Entre los sabores se destacan el Lemon Pie, la frutilla al agua, donde la fruta representa cerca del 50% de la mezcla para lograr un helado balanceado, y el maracuyá. El café blanco se hace con grano entero tostado. La crema catalana combina toques de canela y limón.

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Aparecen sabores como Rafael, inspirado en el bombón de coco; Juanitella, con Nutella y avellanas tostadas; After Eight de menta con lajas de chocolate; tiramisú con biscuit embebido en almíbar de café; y el glorioso cheesecake de pistacho con variegato pistacheese.

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También hay sabores complejos como tarta toffee, con mousse de chocolate semiamargo, DDL natural y masa sablé de cacao; banana toffee con streusel crocante de nuez; dulce de leche Malibú con coco y ron; y chocolate amargo con cacao al 70%, almendras tostadas y caramelizadas.

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Nipote significa sobrino nieto en italiano. Rafael y Juana son los nombres de los dos nietos que nacen en la familia el mismo año en que abre la heladería, y ese dato también se filtra en la identidad del proyecto: hay dos sabores en su honor.

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Una de las novedades es el helado envasado en pote, pensado para llevar la calidad artesanal fuera de la heladería. Es el mismo helado, llenado de forma manual. Se consiguen en Market Ya y vinotecas como Don Chilo, Bon Amic en Puerto Norte y en mercados gourmet.

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La idea es llegar luego a supermercados y llevar buena calidad a lugares donde no está esa oferta. El pote es de 230 cc y está $8.500. Recomiendan bajarlo 20′ a heladera para lograr la textura ideal, ya que el helado se consume a -12/-14 y el freezer de casa lo lleva a -22.

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Otro plato fuerte son las paletas. Hay opciones como pistacho, maracuyá con chocolate blanco, pistacho con choco blanco, choco bañado con almendras, vainilla bañada en choco blanco y oreos, y DDL bañado en chocolate semiamargo. Las grandes rondan los $6.000 y las chicas $4.000.

Nipote construye una heladería donde el helado vuelve a ocupar el lugar que merece: el de un postre pensado desde el origen, trabajado con tiempo y criterio. No hay apuro por sacar sabores nuevos ni necesidad de sobreexplicar lo artesanal.

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Acá todo se sostiene en el hacer cotidiano, en la materia prima bien usada y en una identidad familiar que se filtra en cada decisión. En un mapa cada vez más ruidoso, Nipote elige el camino largo: producir bien, crecer de a poco y dejar que el helado hable solo.

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Las promociones acompañan: de lunes a miércoles, 2 potes de ¼ con 20% off a $13.600.; todos los días, 1½ kg a precio promocional de $31.900 Direcciones: -Alvear 40 bis -Estación Funes

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