Un plato glorioso: mollejas laqueadas, asadas con almíbar de ají y naranjas, crema toffee de coliflor, mango encurtido y vinagreta de maracuyá. Un plato bien pensado. El contrapunto ácido y graso funciona a la perfección. La vinagreta cierra como patada al paladar. En Chicharra.

Recomendación puntual: la degustación de snacks. Fiambre de surubí ahumado / rectángulos de mandioca frita con manteca de maní tostada y ajo negro (fiesta de textura y sabor) / encurtido de vegetales / foie de mollejas (!!!) sobre galleta de maíz. Locura por solo 18k!

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El precio es ridículo. Como entrada, es impecable y habla de la inteligencia de la carta. Dato no menor: hasta la cortesía es rica. Pancitos caseros, uno con queso tipo scon espectacular, acompañados por manteca con aceto y sal marina. Vale el cubierto.

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Chicharra es uno de esos lugares que entran directo en mi radar emocional. Luces bajas, música elegante, una paleta dominada por el negro y una sofisticación liviana, casi sin esfuerzo, en la esquina de Brown y Pueyrredón. El clima que quiero al salir a comer con mi mujer.

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La propuesta que cumple ya 20 años gira alrededor de las brasas y una cocina con sello de autor. Se nota la mano del chef Luca Nicola, no solo en la carta sino en cómo están construidos los platos, en los contrastes, en la decisión estética y conceptual de cada paso.

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Mi mujer fue por los ñoquis de camote rellenos con frutos secos y bañados en un demi glace de cebolla, una salsa espesa, oscura y sabrosa. Un plato original, contundente, con algún guiño árabe en el relleno, quizás más invernal, pero muy bien ejecutado y con identidad.

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El plato fuerte fue el royale de cordero braseado en su jugo. Platazo. Una pieza de carne deshuesada, prensada y a cocción lenta, con sabor profundo, potente. El plato busca frescura con un carpaccio de tomates, oliva y farofa con panceta ahumada que acompaña y resalta sabores.

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De postre, bavaroise (una crema fría) de ananá con maracuyá y frutilla. Fresco, frutal, bien de verano. No me volvió totalmente loco pero cerró sin empalagar y en coherencia con todo lo anterior.

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Chicharra parece más caro de lo que es. Quizás por la estética, el clima, la puesta. Pero en relación con su competencia directa de parrillas modernas con platos de autor, diría que es el más barato. Y también uno de los más interesantes. Un lugar para volver.

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