Hay cervecerías que se ponen de moda, y están las que venden buenas birras. Con 250 etiquetas, las Birras de Juan es el bar de Rosario con mayor cantidad y calidad de cerveza, por afano. Es una cerveteca, una vinoteca de birras, donde van fans de nicho y curiosos de todo tipo.
Es un lugar cómodo, con salón climatizado y vereda grande, para ir a beber algo con amigos y morfar algo rico. Al principio era un lugar solo visitado por gente relacionada a la producción de cerveza artesanal, pero ahora se volvió más general, porque se sumó la gente del barrio.
Juan Moreta empezó a soñar hace 10 años con este bar, mientras trabajaba en una fábrica de cerveza en Bariloche. Tuvo otros cuatro emprendimientos relacionados a la birra. Ninguno caminó. Esta vez, la quinta fue la vencida. En diciembre de 2019 nació la cerveteca.

Arrancó vendiendo latas que stockeaba en una heladera Siam de los 80 toda destartalada en su casa. Mientras tanto trabajaba en una cervecería en la que conoció gente a la que le gustaba la birra premium. Llegó la pandemia y le dio un impulso. Pasó de repartir en bici a un auto.
El emprendimiento fue mutando y pasó de una habitación al living, de ahí a un garage y después al primer local donde armó una cámara de frío y unas mesitas para consumir en el lugar en una Rosario pandémica paranoica. Los vecinos juntaron firmas y lo terminaron rajando.
Tenía que abrir en otro lugar pero no tenía un peso. Se recorría todo Rosario pero no había locales en alquiler que le sirvieran. Pasó por la esquina de Ituzaingo y San Martin y se metió cuando le estaban cambiando el piso. Cuando entró se convenció rápido de que iba a ser ahí.
La idea era traer cosas raras, birras que no se consiguen en otros locales y trabajar para ir sumando cervezas nuevas. Así se empezaron a llenar las heladeras de botellas y latas. Con las canillas renació el bar. Se fue relacionando con productores y la oferta empezó a crecer.
Hoy tiene más de 250 etiquetas de todo el mundo, 60 cervecerías, y una variedad de barriles que oscila entre 8 y 10 para tomar ahí con precios para todos los bolsillos, muy competitivos: además de tener 6 o 7 birras de 4.000 la pinta, tienen 2 o 3 premium de 8.000 para el nicho.
Uno de los fuertes son las birras importadas, con líneas únicas en Rosario. Ahora volvió a traer la Pilsen Urquell, la primer pilsen de la historia de la humanidad creada en 1842 y básicamente el punto de partida de casi todas las cervezas rubias que hoy dominan el mercado.
Otras raras: Ayinger Celebrator Doppelbock, una alemana oscura, maltosa y pesada. Aecht Schlenkerla Rauchbier Urbock, ahumada con perfume a panceta y madera quemada. La belga Westmalle Trappist Dubbel, especiada, frutada y con azúcar oscuro. O la Boon Oude Kriek, también belga, una lambic con cerezas de fermentación espontánea muy difícil de conseguir.
Una de las cuatro heladeras es solamente de IPAs. Otras dos son exclusivas de cervezas de guarda, nacionales e importadas. Es una de las cervecerías con más birras del país para consumo in situ, es decir, para tomar en el lugar.
A pesar del nombre, no se queda solo en la birra: también tiene muchas marcas de vermut, tragos y opciones para picar: no es de esos lugares que no venden comida elaborada y terminás comiendo maní y papitas para acompañar la lija.
El wrap de carne está buenísimo: relleno de entrecot ahumado desmechado, vegetales salteados en reducción de cerveza stout y una bocha de queso son 500 gramos de gloria. Viene con unos nachitos y salsa para acompañar. Y hay un sanguchito de lomo horneado que también viaja.
Cuando abren nuevos lugares pasa un poco que se hypean. Una vez que pasa esa oleada, te quedás con los que realmente valorás. Juan tiene algo para el que quiere tomar algo más raro y de calidad. Y el que quiere gastar poco, también puede tomar algo bueno más barato.
LBDJ tiene un núcleo duro muy intenso de gente que hace boca a boca, es fiel y ama el lugar, pero hay mucha gente que todavía no lo conoce. Es un público que está más cerca de los 30 para arriba que de los 20. Por lo menos es lo que vi cuando fui.
Le dan bola a lo cultural: hacen movidas, eventos, catas de cerveza, cursos y charlas siempre relacionado a la birra artesanal, pero también llevan DJs o músicos, hacen pop ups gastronómicos, flash days de tatuajes, o ferias de vinilos.
No se quedan quietos. Ahora proyectan sumar un anexo al local para armar una cocina más grande, con una propuesta de comida birrera que armaron después de un viaje por cervecerías europeas. La idea es también abrir todo el día y sumar opciones de mediodía. Ojalá les vaya bien.




