Nueva apertura. Fui a la Cuchara Colorada, que abrió en la esquina de Suipacha y Brown (ex Vermuteria Zapata) con una propuesta de platos familiares con técnica de alta cocina y corazón de bodegón. Tercer proyecto en Pichincha Vieja de los mismos dueños de Jimmy y Chamuyo.
Hacen una milanesa de entrecot a caballo con huevos a 63° y papas rotas. La milanesa tiene el ancho de dos dedos. La cocinan al vacío sous vide y después pasa por avena y cereal para que quede crujiente al freirla. Los huevos se cocinan 45′ a baja temperatura y quedan untuosos.
Al rosarino le tenés que dar abundante, por más que le des calidad, o le parece que lo estás estafando. La propuesta parece interpretar bien este deseo: cocina tradicional, platos grandes, te atienden bien, en un lugar limpio y no es «barato» pero no te matan con los precios.
La carta tiene matambre, mollejas, risottos, flan, salmón y platos como esta suprema crocante de pollo sobre fideos tagliatelle de espinaca al pesto con lluvia de pistachos. Ninguna cosa rara pero hay un poquito de magia en cada receta, una vueltita de rosca pero no mucho.
De entradas hay cosas como estos ricos y cremosos buñuelos de espinaca y provolone con alioli; o la provoleta encamisada (cubierta de masa) con jamón cocido y morrones, una rica mini tarta de provolone.
Mi esposa pidió también la ensalada Verde Amarela: lechuga, rúcula, repollo, manzana verde, palta, pepino, pistachos, cubos de queso marinados, hebras de parmesano, croutones y aderezo de crema de limón. Plato veggie.
Es un lugar con perfil de tomar vino: hay 48 etiquetas, pero también acompañan con algunas cervezas tiradas y coctelería, y unas limonadas con algún laburito como hierbas y jugos naturales que nos refrescaron un poco.
Está pensando como un neobistro contemporáneo, un bodegón gourmet con aspiración de wine bar europeo, pero aterrizado a una escala rosarina con lindos muebles, mucha madera y una casona reciclada de techos altos reconvertidos en local gastronómico.
La Cuchara Colorada no quiere parecer importante. Es un lugar que toma el apetito sentimental del bodegón y lo pasa por una máquina de fantasía internacional sin ninguna vergüenza. Vende algo de sofisticación sin el castigo del plato mínimo y con la promesa de salir contento.
No parece un restaurante hecho para deslumbrarte con una pirueta, sino para algo mejor: para que vuelvas. Para que lo recomiendes con una mezcla de orgullo y codicia. Para que digas «andá» pero no demasiado fuerte, no vaya a ser cosa que después se llene y ya no te den mesa.
🕐Abierto todos los días
de 12 a 16 y de 20 a 01
De noche recomiendo reservar.
📍Suipacha esquina Brown





