Vinimos a Santa Fe por el finde XXL de carnaval. Excusa perfecta para ver amigos y, de paso, medirle el pulso a la escena gastronómica. Está efervescente. Hay hambre de cosas bien hechas. Y Verbena es parte de esa energía.
Funciona desde 2021 en una casa reciclada de Mitre 3561, larga, con varios ambientes. Tonos verde vegetal, rojo ladrillo. La cocina es abierta y eso cambia todo. Ves cómo las brasas trabajan. Ves el horno de barro. Lo que llega a la mesa tiene proceso visible.
Nos dieron mesa en el patio: lucecitas, árboles, pasto, mantel de tela y velita en el centro. Apenas salí, el aire trajo olor a carne asada. En el fondo sonaba un funk instrumental. El verde lo llenaba todo.
Hay una inclinación obvia a los sabores del Litoral: producto regional, río y lo que está mejor de estación. Primero vino la molleja, bien crocante por fuera, con criolla y dukkah, una mezcla egipcia de frutos secos, semillas y especias que suma textura. Porción generosa.
El babaganoush estaba potente en el sabor. Pasta de berenjenas quemada al rescoldo, sobre las brasas, gremolata arriba y pan casero tibio. Bien ahumada. Bien ejecutada.
Después, cappellettis de ricota, lima y almendras con pesto de hierbas. Pasta bien al dente, masa con buena mordida. La lima corta la grasa y levanta el conjunto. Plato fresco, equilibrado.
El matambre de cerdo a la parrilla llegó con batatas cascote triple cocción que fueron lo mejor del plato. Crocantes, dulces y profundas. Acompaño un mix de hojas verdes y un chimi dulce que metió un matiz sin ser invasivo.
La carta no es enorme. Se ciñen a lo que saben hacer y lo estudian. Hay pescados de río como boga al horno de barra y milanesas de raya, muy ligados a lo local. Carnes y pastas con guarniciones pensadas. Se nota método y coherencia.
El punto fuerte es el vino. Carta amplia y etiquetas bien seleccionadas. Durante el mes hacen un ciclo de platitos y vinos con música en modalidad libre ideal para peñas o grupos. Funciona como punto de encuentro.
Cerramos con torta vasca. Clásica, cremosa, mas ácida que dulce y con una mermelada de tomate que me trajo reminiscencias de un ketchup oriental.
Final limpio.
Verbena me pareció más que el plato. Es el espacio, la luz, la parrilla encendida y el patio vivo. Un lugar para volver cuando quiera comer Litoral en serio, con producto a la vista y el aroma a las brasas trabajando.





