Chicharra asador a las brasas. Una de mis mejores experiencias gastronómicas de lo que va del año. Primera vez que como el corte ‘medialuna de vacío’. Una provoleta endiablada. Tartar de bife de chorizo. Risotto de calabaza y queso de cabra. Tarta vasca. Todo increíble.
Es una parrilla con cocina de autor que trabaja siempre con ingredientes de estación. Fui con mi mujer a ver con qué nos sorprendía la renovación de carta otoño-invierno. Me gustan los cambios de platos estacionales, cuando un lugar te gusta te mete algo distinto para descubrir.
A mi esposa le encanta este restaurante. Es prolijo. Cuidan todo: la estética del salón, la vajilla, la cristalería, la presentación de los platos. También la cadencia del ambiente. La iluminación tenue, la música calma, sin estridencias. Esa noche sonaban tangos de Tita Merello.
Chicharra es un lugar ideal para ir a cenar en pareja. El perfil del público es más bien +50, algo que para mí suele ser una buena señal: un canoso jamás paga de más por nada. Pero también había algunas parejas de jóvenes adultos como nosotros.
La provoleta viene rellena con panceta ahumada, mermelada de pimiento quemado y vinagre de sidra ($25.000). Espectacular contraste entre salado, dulce y ácido. Ahora que está de moda trabajar la provoleta con diferentes vueltas, esta es, sin dudas, la mejor que comí en Rosario.
En una tendencia que tengo a comer carne cada vez más cruda, quise probar el tartar de bife de chorizo con emulsión de mostaza artesanal y papas hilo crocantes ($20.000). Un plato muy fino. Pura textura y con una carne perfectamente condimentada. Hermoso.
La estrella de la noche fue la medialuna de vacío Angus de 400 gramos (sale $42.000 pero la de 800g sale $54.000, conviene si los dos comen carne). Es el centro del vacío, una parte súper tierna y prolija. La pedí jugosa y salió exactamente en el punto que quería. Exquisito.
Como guarnición elegí los puerros confitados y quemados a las brasas con crema de bagna cauda ($15.000). Una propuesta ingeniosa. Pero lo mejor es la salsa. Un hallazgo. Buenísimo para salir de lo usual, papas fritas, puré o ensalada, pero uncorporando vegetales.
También llegó a la mesa para la vegetariana el risotto de calabaza ahumada y queso de cabra ($31.000). Cremoso, bien ejecutado y con un gran equilibrio de sabores. Mi mujer estaba feliz porque siempre se lleva chascos con los risottos. Bien por el chef Luca Nicola.
Para el final, una tarta vasca con helado artesanal de mandarina, gel de naranja y salsa inglesa ($16.500). Destacado el juego de sabores cítricos, que aporta frescura y evita cualquier sensación de empalagamiento. No es de mis postres preferidos pero si de Yemina y ella aprobó.
Nos atendió un mozo haitiano que estaba especialmente emocionado porque justo esa noche debutaba su selección en el Mundial. El servicio fue impecable. Súper atento y con muy buenas recomendaciones, tanto en las entradas como en los principales.
Si querés salir a comer bien, agasajar a tu pareja o sorprender a alguien en una cita, y te gusta la parrilla pero no querés volver a tu casa con la ropa impregnada de humo, este es tu lugar. Pueyrredón esquina Catamarca.
PD: ah, y reabren la sucursal de Funes esta semana


