El otro día probé el Alfajor de Milanesa. Dos milangas gruesas como tapa, macarrones con queso de relleno, bañado en cheddar, con huevos fritos arriba, panceta crocante y verdeo. 100% bestial. No apto para llorones que hablan de la yankeezacion de la comida de bodegón. Solo para gordos bien guapos. Riquísimo.

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El plato es de Olgasana, bodegón viral de zona norte por sus propuestas mega archi gigantes. Un lugar donde la milanesa dejó de ser un clásico al plarto para convertirse en un formato. Puede ser un alfajor, el relleno de una tortilla o una pizzanesa de un metro.

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Abrió en 2024, pero encontró su identidad el año pasado cuando empezó a apostar por las porciones gigantes y las recetas que desafían cualquier medida razonable. La viralización fue tan rápida que, por momentos, la demanda los desbordó y se mandaron un par de cagadas con el producto.

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Hubo errores, problemas de atención y clientes que no se llevaron la mejor impresión. Desde el local (son amigos y sponsorean Turbio) reconocen aquel comienzo y aseguran que reorganizaron la cocina y el servicio para estar a la altura de la demanda. Doy fe de que mejoró mucho.

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Fuimos a conocer sus últimos lanzamientos de esta temporada. El alfajor de milanesa viene en tres versiones: clásico, relleno de jamón, queso y tomate, bañado en fondue de mozzarella; americano (el de la primer foto); y Olgasana, con fettuccini, salsa blanca y mozzarella. Comen tres o cuatro personas. Es muy grande.

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Veredicto: carne tierna, un detalle que importa cuando el tamaño amenaza con llevarse todo el protagonismo. Buen rebozado. Los fideos llegaron con algún problema de temperatura que hay que corregir. Un plato para comer como chancho y fingir demencia con el colesterol.

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También metieron una pizzanesa de un metro, pensada para ocho personas y dividida en cuatro sabores: mozzarella, cuatro quesos, especial y americana. La pidieron en la mesa de al lado que festejaba un cumpleaños y se cagaban de risa que les pedí hacer una foto.

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A eso se suma una tortilla rellena de milanesa y bañada en cheddar, el barco de picada que tiene como tres kilos de comida, el osobuco que viene entero con hueso, la baguette de un metro, la torre de milanesa y la bagna cauda que hacen en invierno.

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Olgasana encontró su personalidad en la exageración y convirtió la abundancia del bodegón tradicional en su principal atractivo. Ahora tiene por delante un desafío importante: demostrar que detrás de los platos virales también hay buena cocina y un servicio a la altura.

Para quienes se quedaron con una mala primera impresión, quizás valga la pena volver y comprobar cuánto cambió. Precios de los nuevos platos, en esta foto:

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Olgasana
📍 Avellaneda 1001 bis
⏱️Lunes a domingos de 11 al cierre
📱 Recomiendo reservar antes de ir

Olgasana

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