Qué lindo que es ir a comer a una parrilla vieja escuela: bandeja de lata, silla de caño, mantel de tela, aceitera de vidrio y mozo de oficio que te dice qué te conviene comer. Carne y papa. Lo que no falla. Y lo abundante: la parrillada que dice para 2 pero podrían comer 3.

En algún lugar de Rosario, mientras ruge el calor del verano que no se va, el fuego sigue prendido. La fragancia tentadora de la carne asada llena el aire del anochecer. En la parrilla, las partes de lo que hasta hace poco era una cosa viva chisporrotean y se cocinan lentamente.

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Todo está montado para el disfrute de los rosarinos que nos quedamos en la ciudad mientras otros todavía veranean. La parrillada es la reina, los carbones sus lacayos y nosotros, los invitados de lujo a esta fiesta real que implica ir a un lugar bien clásico a comer un asado.

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Ahí está el Centro Entrerriano. En Buenos Aires 2565. Siempre fue especialista en la combinación más noble del mundo: parrilla con bodegón. Este lugar nunca se olvidó del costado más importante, la comida de casa. Milanesas. Matambre a la pizza. Sabores de la infancia.

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Costeletitas de cerdo. Merluza a la romana. O la famosa Suprema Maryland. Platos de olla para el invierno. Mondongo. Guiso de lentejas. La chocotorta de la tía. El postre borracho como el que comías en lo de tu abuela los domingos. Esos platos que no se explican: se recuerdan.

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La carta tiene 10 páginas doble faz. El ambiente sigue siendo el de siempre. Un bodegón parrilla se puede aggiornar, pero nunca disfrazarse. Y eso ya es bastante en una ciudad donde muchos lugares se maquillan para parecer otra cosa.

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Porque con el tiempo, le tuvieron que dar un lavado de cara. Y de hecho ahora sumaron cosas nuevas a la carta.para hacerla más joven: aparecieron pizzas, sanguches y tablas para compartir. Porque entienden que cambiar no es traicionarse, sino sobrevivir sin perder identidad.

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Pero las empanadas y la carne siguen siendo el caballito de batalla. Eso no se negocia. La empanada de carne (a mi me gusta la salada) es explosiva, jugosa, una maravilla envuelta en masa. Sin aceitunas ni huevo. Y mucho menos pasa de uva. Un 11. De las más ricas de la ciudad.

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Después de la entrada, la parrillada completa sigue siendo un bálsamo. Chori, morci, chinchu, tira, pechito y matambre. Los apóstoles de un hijo de Dios que nació en un matadero. Y las papas fritas como los Reyes Magos. Solo le falta que la traigan con brasas abajo.

La masacre no estaría terminada sin un postre. Una chocotorta que es un sueño. Los infaltables budín de pan y flan, viejas armas del bodegonazo. El postre borracho. Don Pedro. Mousse de chocolate. Helado. Las opciones para cerrar una comida como se debe.

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El Centro Entrerriano es una parrilla bodegón como las que valoramos. El ritual antes que la tendencia. La carne como excusa. Puede abrir el juego y sumar opciones. Pero sigue siendo un lugar donde se come bien, se comparte y se vuelve. Y eso vale más que cualquier novedad.

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Datos útiles

•Días y horarios:
Martes a jueves por la noche
Viernes, sábado y domingo al mediodía y noche

•Delivery de empanadas por Pedidos Ya a partir de las 19

•Tienen un salón al lado para eventos privados (máximo 80 personas)

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