En una parrilla nueva hacen este chinchulín mágico trenzado en una suerte de brochette con provolone y morrón asado que es una delicia, loco. El parrillero es el mismo de la Parrillita de Don Alberto y posta se nota la mano: bien crocante por fuera y desgrasado. Esta bárbaro.
Se llama Don Sorrento y está en zona norte, en la esquina de Sorrento y Maza donde durante años funcionó El Parral. La propuesta retoma ese linaje, pero en una versión más actual: parrilla, achuras, minutas, pastas, pescados de río y platos de restaurante para comer en serio.
Por ejemplo: la provoleta especial ($14.000) viene con tomates cherry confitados, cebolla morada cortada en pluma y huevo duro. Un clásico llevado un paso más allá, con ingredientes que suman frescura y equilibran el queso fundido.
Entre los pescados aparece una penca de pacú ($36.000), una opción poco habitual en muchas parrillas rosarinas. Sale acompañada por una especie de chimichurri con perfil criollo que realza el sabor del pescado sin taparlo.
Como guarnición pedimos las papas fritas con provenzal ($12.000). Cortadas a mano, bien doradas y con ese sabor de bodegón o buffet de club que hoy cuesta encontrar en un restaurante. Nada de papas congeladas Mc Cain: cortadas a mano en el día.
Las pastas también merecen atención. La lasaña de carne, verdura y muzza ($26.500) tiene una impronta bien casera. Sale con una bolognesa con el sabor a la que hacía la madre de un amigo de la primaria y abundante relleno. La carta también suma sorrentinos, ñoquis y tallarines.
Los postres siguen la lógica del resto del menú para un final clásico. Los panqueques con dulce de leche y salsa de chocolate Charlotte ($9.000) son exactamente lo que uno espera al terminar una comida de parrilla: generosos, clásicos y recontra dulces.
El lugar no tiene la rusticidad pura de una parrilla tradicional ni la pose de un restaurante sofisticado. Se propone hacer muy bien los clásicos, servir porciones abundantes, mantener buenos productos y ofrecer una experiencia cómoda, elegante sin exageraciones y barrial.
Plus: está en una casona reciclada en una esquina residencial, rodeada de árboles grandes y veredas tranquilas. El patio con guirnaldas y plantas anima los mediodías, sobre todo los fines de semana, y se puede ir con mascotas. Cobran cubierto: $2.500.





